No tiene buen sonido, pero merece la pena hacer ese esfuerzo
- ¿Y esto lo haces con tu padre?
- De vez en cuando.
- Y para qué sirve
- Favorece la memoria sensorial, para no olvidar las cosas básicas. Las orejas, los ojos, la nariz, la boca.
- ¿Quieres saber qué me gusta de ti? Que me rechazaste, que eres delicado, que estás asustado, que eres guapo, que estás fuera, que me provocas ternura, que me excitas, que estás igual de atrapado que yo.
Azuloscurocasinegro
08 octubre 2007
07 octubre 2007
Y que.....
Suena la cucharilla dentro del café al remover dos sobres de azúcar, dos, si, ya te los sabes, me hace gracia, y agua para que el viaje no sea en balde.
Y suena ese disco que parece programado en el equipo ese junto al camarero que no te reconoce porque cuando entras algunas veces se le enciende un foco que no le deja ver nada más, y hacemos hueco en la mesa para enseñarnos las cartas, si, son de partidas diferentes, pero he descubierto que siempre acabamos enseñándonoslas y me gusta, así que las ponemos bocarriba, y las comentamos, de ese modo atropelladamente sencillo con que nos tomamos los cafés, como si las ene conversaciones no se perdiesen aunque se nos olvide de dónde viene cada una.
Escucho tus consejos y te explico porqué me faltaba un pedal, o simplemente no lo utilicé, y cómo no me arrepiento, pero ya lo he utilizado y era necesario, así que ahora, ya con todos los pedales en uso, y los retrovisores, y el resto de elementos, transito tranquilo y pienso que no espero, que simplemente estoy, y que eso me sienta bien, que estaré si es necesario o lo pide el estómago, y que si no, también, y mientras tanto, estaré bien, y que de paternalismos o tutelas, lo mismo que de monja, y que de brillos y de parecía bueno, pero era mejor, todo, y que el que no lo ha vivido, no lo sabe, y que las hipotecas a cincuenta años son lo contrario a lo que te cuento, nos contamos, y que nos quiten lo bailao, y que esa frase fue exactamente la misma que le dije, y que no debe temer porque no tiene nada que ver aquello con esto, y que si me lo permites, te preguntaré si está bien, y que las cosas las huelo antes de utilizarlas, y que todo tiene su sentencia con el tiempo, y que cuando lo verbalicé lo entendí del todo y me sentó muy bien porque no se manchó nada, se quedó perfectamente y me sentí bien sabiendo que así estaría mejor aunque yo no estuviese, y que estará mejor, aunque yo no esté, o si, si lo quiere, pero estará bien, y que todo ocurre por algo, y que el karma es o no es, pero no se modifica, y que se evoluciona, pero no se cambia, y blue moon, y que a mi impuntualidad le llamas de otro modo y me gusta más cómo le llamas tú, y que D y F y G se nos hilvanan desde hace mucho tiempo y sabe bien así, y que en cuanto consiga eso te lo llevaré para que me hagas ese favor, y que quiero escucharte, aunque hable yo primero, y quizá suene raro, pero gracias, en serio, por estar ahí, aunque no te propuse el café por eso, simplemente porque me apetecía escucharte, porque te notaba rara y simplemente quería escucharte, y me sentó bien escucharte, espero que a ti también hablarme, y lo demás, ya sabes, aunque no te lo haya dicho detenidamente, estaré bien, y lo que tenga que ser...que sea.
Resonando: Sea_Jorge Drexler.
06 octubre 2007
Otros océanos de tiempo
Volver a lecciones ya estudiadas y recordar párrafos enteros de algunos libros que estaban en la buhardilla de aquella casa donde la entrada es asfalto empedrado.
He podido recordar con nitidez párrafos enteros que creía que ya estaban olvidados. El deseo domesticado por la razón o el deseo sin domesticar, que como un semáforo sólo tiene un color a la vez.
Todo aquel sitio olía a deseo sin domesticar, y levanté la mirada mientras atravesaba aquella puerta de cristal al ácido que daba paso a una oscuridad ajena. Alguien me puso una copa en la mano y una mirada en los labios, y seguí caminando y mascullando entredientes "esto es deseo sin domesticar, una pared para escaladores sin cuerda, otro océano de tiempo". Pero caminé igual, con la mirada clavada en unos ojos negros como la lengua de su dueña, y sus dedos trenzaban deliciosos humos de agua en mis oídos, y las manecillas de los relojes en paredes ajenas se derretían como esculturas de hielo en un zoco en mitad de julio, y su voz se apelmazaba en mis costados como nidos de abejas llenos de miel, y no importaba nada más, aunque supiese que un rato después sí me iba a importar, como me está importando ahora.
He podido recordar con nitidez párrafos enteros que creía que ya estaban olvidados. El deseo domesticado por la razón o el deseo sin domesticar, que como un semáforo sólo tiene un color a la vez.
Todo aquel sitio olía a deseo sin domesticar, y levanté la mirada mientras atravesaba aquella puerta de cristal al ácido que daba paso a una oscuridad ajena. Alguien me puso una copa en la mano y una mirada en los labios, y seguí caminando y mascullando entredientes "esto es deseo sin domesticar, una pared para escaladores sin cuerda, otro océano de tiempo". Pero caminé igual, con la mirada clavada en unos ojos negros como la lengua de su dueña, y sus dedos trenzaban deliciosos humos de agua en mis oídos, y las manecillas de los relojes en paredes ajenas se derretían como esculturas de hielo en un zoco en mitad de julio, y su voz se apelmazaba en mis costados como nidos de abejas llenos de miel, y no importaba nada más, aunque supiese que un rato después sí me iba a importar, como me está importando ahora.
Y la frase que cantaba aquella voz ruda de mujer, me resonaba por la cabeza constantemente, así que me quedé colgado de la última palabra de esa frase y me hice humo, crave, crave, crave, hasta que no quedaba nada sin domesticar, para recoger los pedazos y guardármelos en los bolsillos, dejar un beso del color de sus ojos en la mesilla y otro entre los pliegues de aquellas sábanas y empezar a correr pasando por todos los charcos del suelo que a esas horas de la madrugada comenzaban a dar los buenos días y llegar cuanto antes al coche que me esperaba para resarcirme media hora después dejándome a los pies de mis sueños más cotidianos y ajenos a eso.
Mientras todavía sale humo de la taza de té, y se repite otra palabra de esa canción, maze, maze, maze, quizá no se trate de ser lo uno o lo otro, sino de que a veces domesticamos el deseo y a veces es simplemente lo único que nos queda sin domesticar, a veces es real y otras pura ficción, aunque atraviesen otros océanos de tiempo, o simplemente cuatro docenas y media de horas de un reloj derretido y unos ojos negros.
Resonando: Poison Prince_Amy Macdonald
Resonando: Poison Prince_Amy Macdonald
04 octubre 2007
Construyendo
Se empiezan las cosas pequeñas cuando uno menos se lo espera. Pedacitos que forman parte de otras cosas, que arrancamos sin querer y se quedaron con nosotros y cuando uno empieza a construir aparecen en la maleta de herramientas, como en esas cajas transparentes donde se acumulan tornillitos y tuercas de muchos tipos.
Y otros pedacitos, no lo son, simplemente son de esas cosas que acaban de llegar, que acaban de aparecer, y las tomas entre las manos, mirándolas un buen rato, como abstraido, dándole un par de vueltas, a ver qué efecto produce la luz sobre uno u otro costado, qué olor tiene, cómo suena.
Y entre todo eso, los pedacitos rescatados por tu memoria olfativa o sensorial, y lo que acabas de descubrir por primera vez, te sientas sobre el suelo, y empiezas a montar el engranaje, despacio, coges piezas y las intentas acoplar, a ver si encajan, y a veces no, pero conviene respirar tranquilamente, mirar la lluvia al otro lado de los cristales y seguir el proceso, volver a tomar más piezas, pensarlas y ver en qué tipo de universo personal encajan, y seguir tocando cada pieza, con suavidad, con mimo, poco a poco, para reconocerlas todas, para que formen parte de uno por separado, antes de que sean parte del todo.
Y mientras sigue la construcción, todo se llena de silencio, luego no, luego sonarán canciones y melodías y estribillos y chorradas, pero construir algo con pequeñas piezas requiere de silencio.
Y otros pedacitos, no lo son, simplemente son de esas cosas que acaban de llegar, que acaban de aparecer, y las tomas entre las manos, mirándolas un buen rato, como abstraido, dándole un par de vueltas, a ver qué efecto produce la luz sobre uno u otro costado, qué olor tiene, cómo suena.
Y entre todo eso, los pedacitos rescatados por tu memoria olfativa o sensorial, y lo que acabas de descubrir por primera vez, te sientas sobre el suelo, y empiezas a montar el engranaje, despacio, coges piezas y las intentas acoplar, a ver si encajan, y a veces no, pero conviene respirar tranquilamente, mirar la lluvia al otro lado de los cristales y seguir el proceso, volver a tomar más piezas, pensarlas y ver en qué tipo de universo personal encajan, y seguir tocando cada pieza, con suavidad, con mimo, poco a poco, para reconocerlas todas, para que formen parte de uno por separado, antes de que sean parte del todo.
Y mientras sigue la construcción, todo se llena de silencio, luego no, luego sonarán canciones y melodías y estribillos y chorradas, pero construir algo con pequeñas piezas requiere de silencio.
01 octubre 2007
El borde del otoño
La estrofa principal dice "donde todo empieza". Y de una manera extraña es así, así que voy arañando las estrofas lentamente, entre dientes, como cuando se juramenta o se contaba alguna chorrada en clase para que no te escuchase el profesor.
Los días cuentan que es momento de guardar la ropa de verano para sacar la de otoño e invierno, y de un modo curiosamente difícil de manejar, este año el otoño llega cuando debe, aunque yo preveía otra forma y otro modo, ya se sabe que nunca podría ganarme el pan como adivino, ni siquiera de ese del chiste, porque lo hago muy mal.
Hay un listado enorme de palabras, canciones, referencias, intimidad y deseos entre la ropa de verano que pasa a una estantería del armario más alta, y en cambio baja la ropa que no lleva nada en los bolsillos, de otros tejidos y otros colores.
Pero ese listado se queda entre la ropa, quizá esperando, eso nunca se sabe, porque los mundos que contienen tantas cosas al final tienen vida, aunque parezca difícil, no están deshabitados, siempre contienen vida, aunque haya que esperar.
Justo al borde del otoño que no imaginaba así, donde todo empieza.
Resonando: Donde todo empieza_Fito y Fitipaldis
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