13 diciembre 2007

Paradojas a lo tonto

En unas horas unos cuantos y un servidor se pondrán a hacer el anormal durante un buen rato intentando que otros cuantos se lo pasen bien, pero en la preparación de todo eso (que aunque los presentes crean que ha sido pura improvisación, podemos jurar que nos lo hemos preparado), surgió, entre otros cientos de cuestiones y paradojas, una desasosegante pregunta que se quedó flotando en el aire (y sigue allí). Qué raros vaticinios puede depararnos el hecho de mezclar a Los Payasos de la Tele con una canción de Los Calis (aquella famosa "Heroína")?

Probablemente nunca lo sabremos, pero desde luego aquel famoso mail cadena que cruzó las cuentas de correo de todo el país relatando la infancia y adolescencia típica de esa generación que estamos entre los 27 y los 40 años ahora (más o menos), y que concluía diciendo algo como que a pesar de todo hemos llegado hasta aquí sin casi rasguños (cuyo corolario fue el famoso anuncio de Coca-Cola)......pues qué queréis que os diga, después del capazo de imbecilidades que se les pueden ocurrir a siete tipos de esa generación encerrados en una habitación durante un buen rato, no aseguraría yo que hemos salido indemnes.

R
esonando: Eso, la canción nombrada (pero disfrazados de payasos de la tele, cuanto menos desasosegante, ya digo).

12 diciembre 2007

Faltó uno

En uno de esos juegos absurdos de las tantas de la madrugada en un grupo de seis o siete que se han tomado varias copas y dejan chorrear la conversación sin destino prefijado ni predecible (ni se le espera), a alguien se le ocurrió intentar recordar a lo tonto los siete pecados capitales. Si, ya sé, una gilipollez como un polideportivo de grande, pero es lo que tiene la suma de confianza, copas y mínimas ganas de volverse cada uno a su casa, que un juego chorra puede llevarte un rato si las copas te embarullan un poco la memoria y encima a todos y todas las presentes les da por hablar al mismo tiempo y con alguna canción coñazo atronando el lugar.

Y me quedé con la pereza, debe ser, porque ahora debería estar haciendo alguna de tres cosas que tienen una fecha más o menos tácita en su existencia, y sin embargo estoy escribiendo esto, y una canción menos coñazo atronando la casa, y un café recién hecho humeando todavía a mi lado sobre la mesa, y un olor en la memoria, y dentro de un rato tacharé miradas del calendario o tararearé los últimos planes que no salieron, en sordina, y me reiré, prepararé un baño muy caliente y saldré a pasear entre el frío y tendré una conversación casi tan larga como chorra con algún amigo que espera frente a un escaparate del centro a que su novia acabe de discutir con la dependienta, y luego hablaré con su novia y pondremos tibia a la dependienta sin nombre, y me invitarán a cenar y las conversaciones seguirán iguales derroteros sin destino prefijado ni predecible (ni se le esperará).

La pereza, si, era ese el que faltó por nombrar aquella noche. Parece mentira.

Resonando: Siboney_Connie Francis

09 diciembre 2007

Corriendo


Corríamos como si nos fuera la vida en ello, y a lo mejor, sin llegar a saberlo, fue así de algún modo. Todo empezó a lo tonto, como suelen empezar casi todas las cosas que se convierten en las que más nos gustan.

- Si llegas antes que yo a ese sitio y consigues meterte detrás de la barra y convencer a la camarera de que te deje servirme una copa, te regalo mi ropa interior.

Yo sabía que a veces te daba por ahí, soltar lo primero que se te ocurría a ver si esa vez caía, pero en ese momento sólo se me ocurrió soltar una carcajada.

- Yo no quiero tu ropa interior. Sabes que mi única aspiración de los próximos diez minutos es quitártela.


Saliste corriendo de aquel bar, y como si se despertase un resorte, salí detrás de ti. Luego me contaron mis amigos que durante unos segundos creyeron que me pasaba algo, y aunque no tenían ni idea, tenían razón.

Subiste aquellos escalones de dos en dos, y me pareció que empezabas demasiado fuerte, pero mirabas de reojo a ver si te seguía, y mientras tanto no dejabas de hablarme:

- He dicho que te regalo mi ropa interior, pero no sabes cómo será la ceremonia de entrega.

Cruzando entre los coches detenidos ante cualquier semáforo en mitad de la ciudad, sus ocupantes nos miraban con una mezcla de incredulidad y cachondeo en las pupilas.

- ¿Y si ganas tú?

Mientras veinte japoneses se apelotonaban junto a la puerta de un hotel, probablemente pensando en la inseguridad de la noche madrileña, porqué si no iba a ir aquel tipo detrás de aquella chica con una cara tan dulce si no era para hacerle algo malo, conseguí escuchar tu risa:

- Si gano yo, me llevarás de viaje a aquella isla, el día que menos me lo espere.

Cometiste un error, aunque eso lo supiste luego. Tu fallo no fue creer que iba más lento que tú porque no podía correr más rápido, tu error no fue dar por sentado que no podría convencer a aquella camarera, ni siquiera cometiste el error de pensar que no deseaba quitarte la ropa interior después de tanta carrera. El único fallo en todo tu plan fue no advertirlo al pasar por delante, y seguir corriendo. Ni siquiera lo sospechaste, lo supe al ver tu gesto engreído cuando por fin entré en el sitio ese y ya tomabas tu copa servida amablemente por aquella camarera. Se detuvo tu carcajada socarrona, pero te brillaron los ojos cuando deslicé en el bolsillo trasero de tus vaqueros aquellos dos billetes mientras te susurraba al oído:

- ¿A que no te lo esperabas hoy?

Resonando: Complexity reducer_Delorean

(La foto, uno de los doscientos sitios mágicos de la isla negociada, el cráter de un volcán apagado hace muchísimos siglos).

05 diciembre 2007

La realidad inconcebible

Entre casi nada sonó aquel piano, lentamente, y volvió a recordar porqué le gustaba tanto aquel sonido. Hasta ese momento no se escuchaba nada más, sólo el roce asistólico de la punta del bolígrafo contra el papel, como dos amantes ansiosos y temerosos al mismo tiempo.

Giró la cabeza un cuarto o simplemente movió la mirada cuarenta y cinco grados a su izquierda. No había nada, la noche se lo había comido todo, y sintió que en parte también le había pasado lo mismo con esos meses de ventaja que hoy cumplían su aniversario, el aniversario extraño de aquella última mirada.

Subió el volumen para que los mordiscos tiernos de las teclas negras y blancas se comiesen también aquella casa, y siguió mirando la oscuridad que no era capaz de volverse loca ni a la luz de las velas, sólo sonreía.

Todo pasaba lentamente, los segundos, la respiración y las hojas cayendo sobre las aceras, todo era como una gastada película proyectándose en cámara lenta y sin parar.

Y recordó aquella estrofa de aquel libro que había llegado en la versión original de otro otoño, que más o menos creía que decía algo como "la mayor parte del tiempo contemplamos la realidad a distancia, desde lejos, por eso es soportable. Pero cuando se aproxima a nosotros y nos toca, entonces nos resulta inconcebible e irreal, a veces fantástica, como un sueño".

Por eso siguió sonando el piano, igual de descarnadamente lento y delicioso, para no dejar que la realidad se aproximase del todo, para no dejar que la oscuridad traspasara los límites de su campo de juego, para que no le tocase lo inconcebible, para que todo siguiese estando en la adecuada y profiláctica distancia de tantas veces, de tantas vidas, de otras veces.

Resonando: A bitter song_Butterfly Boucher

02 diciembre 2007

Al fin, sonreíste

A las tres de la madrugada, con la lluvia anunciándose débilmente a ratos cortos y las aceras mojadas, las calles estaban inusualmente vacías para ser el día que era y el lugar. Mis pasos no resonaban, simplemente se amortiguaban con el sonido asincrónico de algún coche por la calzada, camino de aquel parking. Si me hubiese dado la vuelta de ese modo algo instintivo e inconsciente en que a veces lo hacemos cuando caminamos solos de madrugada por la ciudad, quizá te habría visto, y habría recordado sin dudarlo tus ojos negros o aquel lunar que se había colocado impúdico en aquel lugar delicioso de tu cuerpo, probablemente hace años ya. Pero no giré la cabeza, sino que seguí caminando, con la idea deglutiéndose cada vez más deprisa, de llegar al coche y encender la calefacción, y dejar el frío y el ruido insano de aquel sitio sobreexplotado por almas malbaratadas en días como este, a las que sigo sin encontrar la gracia, tanto tiempo después.

Un par de postadolescentes se gritaban completamente borrachos desde las dos aceras de aquella avenida con nombre de calle, pero realmente no se comunicaban, no había ninguna conexión entre lo que gritaba uno y lo que le contestaba la otra, era una forma totalmente absurda de despedirse, supongo. Giré a la izquierda por la calle de mi tienda favorita y tampoco conseguí verte de refilón, aunque no sabía aún que estabas allí, así que me subí el cuello del abrigo para seguir intentando conjurar un poco más el frío desangelado que se me había instalado en el estómago y una pareja amable con dos maletas me dio las buenas noches en otro idioma.

Fue entonces, mientras daba los primeros pasos para bajar por aquellas escaleras del parking cuando te vi girar la esquina y sorprenderte, porque supongo que no esperabas encontrarte conmigo de frente. Te quedaste parada, como yo, que me detuve y no bajé ni un escalón más. Supongo que, subjetivamente, podría haberse construido un rascacielos en el tiempo en que nos quedamos mirándonos. Una sirena nos volvió a dar las buenas noches girando en aquella plaza, y la lluvia, durante unos instantes, no quiso molestar.

Al fin, sonreíste. Me senté en el escalón esperando que llegases, pero debiste encontrar otras razones y escuché cómo, entre un par de motores más, tus tacones corrían en dirección opuesta por la calle de mi tienda favorita.

Resonando: The black swan_Thom Yorke