Desde hace varios años, la Teoría de Juegos se ha colocado a la "vanguardia" de lo que se suele denominar, para bien o para mal, Teoría Económica. Ha habido al menos tres o cuatro Premios Nobel en los últimos diez años cuya aportación estaba, de una forma más o menos directa, relacionada con la Teoría de Juegos. El Nobel de este año ha ido para tres economistas que han contribuido a desarrollar la Teoría del Diseño de Mecanismos, que viene siendo, así a lo bruto, el diseño de "reglas de juego" para obtener un resultado específico.
El problema inicial que pretende desarrollar ataca a algo tan sencillo de llevar al día a día como "No existe solución adecuada al problema de definir el comportamiento económico racional de un sujeto cuando la misma racionalidad de su actuación depende de la conducta probable de otros individuos", es decir, nuestras propias decisiones son difíciles de modelizar desde el punto de vista racional, por el mero hecho de que interactuamos y dependen de lo que hacen los demás, que también se les presupone racionales, pero....en fin, un bucle.
Y por qué me da por hablar de Teoría de Juegos hoy. Ni idea. Simplemente porque a veces, si uno se detiene a pensar en sus alrededores, puede darse cuenta que von Neumann y Morgenstern fueron capaces de "modelizar" lo que cada uno de nosotros hacemos casi cada día, para lo importante y para lo superfluo, para lo que apreciamos y para lo que nos resulta indiferente.
Hay aplicaciones curiosas del día a día de esas teorías, como la estrategia que tuvo que preparar Sherlock Holmes en su encuentro con Moriarty, cómo era inevitable la participación de los aliados en la II Guerra Mundial, simplemente la teoría del bluff en el póquer, porqué es mucho más eficiente a largo plazo ir a una guerra a través de acuerdos internacionales que hacerlo solo por mucha potencia militar que se tenga, o el famoso dilema de decisión entre “ÉL” y “ELLA” y “DISCOTECA” y “FÚTBOL”.
Aplicaciones diplomáticas, militares o simplemente literarias aparte, todos estamos permanentemente sujetos a esos juegos (multiapuesta, no colaborativos, con información asimétrica, con incertidumbre, simultáneos o secuenciales,...), y sin embargo raramente tenemos la suficiente frialdad como para estudiar estrategias previas, de modo que casi siempre acabamos tomando decisiones a la mecagüendios de modo que acabamos dedicándonos a un tipo muy concreto de juego que entra ya en teoría de conjuntos, a los juegos de longitud infinita (superjuegos).
Para centrarse exclusivamente en las aplicaciones curiosas de la teoría de juegos, la física o las matemáticas y además leer un buen libro, no se pierdan “En busca de Klingsor” de Jorge Volpi, para lo demás (no, no parafrasearé la campaña de la tarjetita esa), pues eso, un juego de longitud infinita.
El problema inicial que pretende desarrollar ataca a algo tan sencillo de llevar al día a día como "No existe solución adecuada al problema de definir el comportamiento económico racional de un sujeto cuando la misma racionalidad de su actuación depende de la conducta probable de otros individuos", es decir, nuestras propias decisiones son difíciles de modelizar desde el punto de vista racional, por el mero hecho de que interactuamos y dependen de lo que hacen los demás, que también se les presupone racionales, pero....en fin, un bucle.
Y por qué me da por hablar de Teoría de Juegos hoy. Ni idea. Simplemente porque a veces, si uno se detiene a pensar en sus alrededores, puede darse cuenta que von Neumann y Morgenstern fueron capaces de "modelizar" lo que cada uno de nosotros hacemos casi cada día, para lo importante y para lo superfluo, para lo que apreciamos y para lo que nos resulta indiferente.
Hay aplicaciones curiosas del día a día de esas teorías, como la estrategia que tuvo que preparar Sherlock Holmes en su encuentro con Moriarty, cómo era inevitable la participación de los aliados en la II Guerra Mundial, simplemente la teoría del bluff en el póquer, porqué es mucho más eficiente a largo plazo ir a una guerra a través de acuerdos internacionales que hacerlo solo por mucha potencia militar que se tenga, o el famoso dilema de decisión entre “ÉL” y “ELLA” y “DISCOTECA” y “FÚTBOL”.
Aplicaciones diplomáticas, militares o simplemente literarias aparte, todos estamos permanentemente sujetos a esos juegos (multiapuesta, no colaborativos, con información asimétrica, con incertidumbre, simultáneos o secuenciales,...), y sin embargo raramente tenemos la suficiente frialdad como para estudiar estrategias previas, de modo que casi siempre acabamos tomando decisiones a la mecagüendios de modo que acabamos dedicándonos a un tipo muy concreto de juego que entra ya en teoría de conjuntos, a los juegos de longitud infinita (superjuegos).
Para centrarse exclusivamente en las aplicaciones curiosas de la teoría de juegos, la física o las matemáticas y además leer un buen libro, no se pierdan “En busca de Klingsor” de Jorge Volpi, para lo demás (no, no parafrasearé la campaña de la tarjetita esa), pues eso, un juego de longitud infinita.
Resonando: Dare_Gorillaz